DE PROFESIÓN, IMBÉCIL
Con perdón de los que no se consideren así...
pero es que esta semanita ha sido tremenda. Sobretodo porque soy imbécil (creo que ya lo he dicho antes...). Porque hay que serlo para afrontar el doble de trabajo en el mismo tiempo, y ser tan idiota para salir de trabajar a las nueve y media de la noche. ¿Y todo por qué? Porque han abusado de lo que creíamos que queríamos hacer, de nuestra supuesta vocación laboral, nos han (me han) engañado haciéndonos sentir responsables. Cuando en realidad somos puros mercaderes. Para los que nos pagan: a los que les da igual todo; para los que nos leen: que nunca verán tu esfuerzo porque los primeros se encargan de que sea imposible.
Me he creído que mi trabajo era mi hijo, y no quería que mi hijo fuera como el de cualquier otro. Pero no aprendo que eso no es así. No es mi hijo en la medida en que me obligan a engendrarlo de una forma inhumana (deprisa y corriendo) y no me dejan educarlo.
No sé si estoy aquí para hacer churros que nunca nadie probará porque su aspecto es pésimo o es que nunca debí ser churrero, porque entre que caliento el aceite y echo los churros a freir, algo se ha estropeado ya. O sea, que quizá algún día hay que pensar en ser pescadero, o carnicero o frutero o pastelero o ... incluso peluquero. Pa lo que tampoco serviría es pa barbero, porque visto las barbas de cuatro días que me dejo por vaguitis...
Por cierto, para los que no lo sepan... me llaman periodista.
